Eres el visitante


sábado, 16 de abril de 2011

PASA SUCEDE Y ACONTECE.


Pasa y sucede que ya no acontece. Pasa, pasan, pasamos -Pero pasa…. Por favor-

Pasa que no me pasa. Que no se me pasa.

Pasa…que está pasado. Que se pasó.



Pasado que se pasa y se re pasa y se pasea por mí casa.

¿Pasa? Sucede que se pasa.

Hay una mesa con cerámicas sin pintar. Dos dumies mirando al suelo. El bombillo de tungsteno y todo, se pasa.

Pasa, que no pasa.

Me gustaría pasar por usted, pero usted, no deja que yo pase.

Sucede, que se suceden actos y cosas. Gente que pasa.
Pasa que no cede su ser, nada, y se pasa.



Acontece mientras recuento, Mientras leo y hago conteo y las hojas pasan mientras los personajes suceden.

Sucede gente a mi alrededor que se me pasa.

Acontece una noche, anochece este día. Permanecen pasando, las horas, los cabellos, los camiones, toda serie de cosas, las risas.


¿Sabe qué pasa? Que no pasa. Pasa nada. Eso es lo que pasa.

Eso pasa cuando se deja pasar lo que sucede cuando acontece.

¡Deje que pase! Sigamos dejando suceder los días, des acontecernos de nosotros mismos.

Sigamos pasándonos en blanco, pero sigámonos, pasémonos, sucedámonos.

Haga que yo suceda y no me deje en su pasado.



Cuéntese una historia que fue la que pasamos, y cédame lo que allí pasa, a mi favor.

Cuénteme qué pasa, por qué sigo a usted cediendo.

Por qué acontece que usted pasa y me sucede, en el día, en la noche, en la tarde, en un abrazo, en un beso, en una carta, es usted quien sigue sucediendo. Qué pasa, que no me pasa.




….Y si puede, dese una pasadita.


martes, 29 de marzo de 2011

TIC TAC

TIC TAC

HOY

7 am.


La Primera vista inspiradora fue un techo de madera gastado por el agua y el polvo, las caras monstruosas de la humedad desarmadas y coquetas. La cortina dejaba pasar cortésmente la luz, alumbrando una cara pálida, sucia de cosméticos, que enfatizaba el café de dos pelotas intimid
antes de carne, brillantes ante el primer dibujo del día.


El tiempo bogotano está cubierto de un cielo bipolar, entre plateados y violetas, que radicaron y ratifican el ser rolo y el ser de ella; ser algo de los dos.

9 am.

Cada mañana al dirigirse al punto b, la Academia, se deleita con la cometa esfumato naranja jalada por nubes que amanecen pegadas a los cerros orientales. La intriga acerca de lo que vemos está en ella, en sus venas, en sus zapatos blancos y en su jardinera colegial de verde y rojo mal combinados que inspiraron sus primeras críticas cromáticas aplicadas.


Las constantes de sus amistades son dos, masculinas y pocas. Siempre niños callados, de chistes amargos y cigarrillos en sus bolsillos. Personas buenas, personas sencillamente.


AYER

11 am.

El olor a galletas que acompañaba a la campana del medio día, alegraba las tardes de los 16 y los 5 años. Una y otra vez la masa horneada entraba saltando por sus fosas nasales y alegraba los hemisferios cerebrales para cantarle una canción sencilla y pegajosa.


En casa, su abuela tenía como himno, una olla a presión en punto de la tercera guerr
a mundial. Los almuerzos se acompañaban de un hermano a la derecha, con dos años de ventaja en la vida, y al otro lado, vanidosa, la más alta arreglándose algún bucle castaño.

Frente a tres alegres platos de trigo, tres alegres niños, con Tres grados de edad, 6, 8 y 14.

HOY

8 am

Se levantó, calzó las pantuflas verde oliva y fue al baño de la planta baja, se miró al espejo.

8:05 am
Arreglé mi cabello y lo amarré en un atado, el tono rojo de las fibras

brillaba radicalmente frente a la ventana de vidrio dibujado,

en medio del olor a Listerine.


Siempre que recuerdo dejo de ser mí ahora, todo se granula,

se densa, aumenta el peso del recontado pasado

sobre el minúsculo tic tac.



9 pm

Las ollas suenan rosándose unas contra otras en la cocina. La voz de mis padres reverbera en la escalera hasta llegar a mi sillita de madera y a la pantalla acuosa del computador. La fragancia del arroz jalonea la nariz y voy a soltar este teclado en menos de dos minutos. El gato se une a mí y acaricia mis tobillos con su larga cola blanca.

viernes, 25 de marzo de 2011

Antes de Ayer y Ayer.


ANTES DE AYER:

Una pelota que rebotaba en la pared. Una y otra vez la masa verde contra el suelo y el polvo. Bailaba en la luz cuando la mano la agarró. Fue cuando el ahora de la pelota dependía de su ser pasado de pelota, donde podía rebotar, y ahora, no lo hace más.

La línea que dejaba manchaba el espacio para definir el fondo inmenso de la habitación, los dibujos verdes quedaban parados mirando de frente hacia la fantasía… Su alma de pelota dejaba cargado el tiempo de su verde color. Los centímetros se unían a el tic – tac y el ambiente se densó, la relación estrecha entre el rebotar y el ritmo que esto implica fue una sola, su ahora de pelota verde.

AYER:

El tiempo en la pelota, rebotar y golpear.

La temporalidad como un “ser animado” en donde las cosas suceden, un contenedor y un patrocinador, ser vivo en que las sujetos, los momentos, las ideas… pueden existir, están contenidas dentro de él. El tiempo, contenedor y contenido en la lógica numérica del reloj, un instrumento que materializa una idea. Como si la realidad tuviera alma y fuera identificada en segundos, minutos y horas.

Un ser simbólico reconoce el tiempo, y a su vez, el tiempo le permite reconocerse, adaptar un lenguaje y expresarse como ser presente, vivo.

sábado, 5 de febrero de 2011

Carta numero 7 a un lector que no leerá.


CON LA ACTUACIÓN ESPECIAL DEL TOPO Y EL FANTASMA.


La luz salía tímida tras los edificios del frente. El sol duerme en la terraza del vecino. la nube rosa escupe el frio santo que manosea mis piernas al salir de la ducha matutina. La toalla tiesa me regaña y me exige volver a la cama -el abdomen hace mala cara-.

El tap-tap del péndulo dorado y circular, saluda al mundo negando cualquier pregunta que se hace sobre el tiempo, mientras se le mira levitar en su espacio rectangular.

Hoy salí muy temprano de casa. Un noticiero mañanero gesticula para callar el rugir del motor del bus envejecido. El sol ha corrido a esconderse tras de un monte de nubes que están asombrosamente bajas esta mañana. Los cerros no tienen permiso de salir a rodarse por los toboganes del parque. Cantan haciendo frasecillas…

“Porque el parque pierde parientes, pudiese hacerse padre, pero no hay hijos capaces de querer queriendo, queriendo querer” y “huelo a cerveza, sabo a guaro, voy llegando a clase y me siento barato”…

Dos minutos más y, Hay una sopa cocinada en una montaña rusa. Condimentos, saborizantes y aliños sacados del mundo del ya pasó. La olla, tiene grabada la marca presente, en donde el tizne empieza a cubrirle la juventud y a rasgarle la desnudez del diario.

Medio día de mi día. Casi no queda Luz. Salgo de casa con 5 pesos que encontré en la mesa de la sala de estar. Compré cigarrillos, flores amarillas, naranjas y dos presas de pollo.

Puse la mesa con un mantel tejido por las manos de mi abuela, la difunta, una botella con agua y los 3 claveles de mercado. Discutí mientras organizaba el menú gourmet, lejanía, un debate sobre mi cabeza, sobre el tap-tap del reloj y el tic -tac de un hasta luego, de promesas sin cumplir y de rechazo a lo verídico. Nadie ganó. Son batallas a cachetadas entre un topo y un fantasma. Aun no sé cual soy.

La ceniza cae sobre el piso de madera y mis medias de maya se pegan a los muslos como niño al tetero. El tap-tap del insulso baile del tiempo, es cada vez más insoportable y el pollo está listo para servirse en la plancha de metal en la que se mastica cada hueso, cada ligamento, cada cuero de este animal muerto que me sirve sólo para darme más vida, aunque sin significarla. Adobado, cubierto de salsa, está más en mi.

Un disco de acetato empieza a perseguirse la cola en la victrola. Las velas aromáticas condensan el ambiente que parto con una cuchillada clavada en el punto de perspectiva. No hay oportunidades, pero si ombligos de fuga. Las presas de este sacrificio, aletean en la olla, en el plato, ensartadas en el tenedor, palpitan y sangran.

Es una bella cena a sólas. Vino rojo, comida viva, tangos llorones y un invitado que no fue enterado. Todo es perfecto. Servido.

Trece minutos más. Los ratones salen a comerse mis pies, la oleada de mariposas entra por el minutero. Al parecer, este dolor físico confundido entre alegría y nostalgia, es solo el darse cuenta de que amaneció otra vez.


*

Tal vez, sería adecuado enviarme una dirección para enviar estas cartas que jamás se han leído.


lunes, 17 de enero de 2011

UNO CORTO


Las rosas de la casa de la esquina me dan muestra del vigor de la delicadeza,

Soportando el frío de la media noche cubiertas de rocío,

son recias y prepotentes ante la corriente helada de la oscura noche,

alumbradas tan sólo por un bombillo amarillo de un divino niño de porcelana,

Destellan los colores en cada gota, pesados sobre sus pétalos.

De pie frente a la reja que las guarda de, no sé qué, Les aviento el humo de este cigarrillo cansado de quemarse.

Las calles parecen regadas por una lluvia de gasolina que acoge, apacigua y devuelve los reflejos de la luna las estrellas y el alumbrado de estas callecitas desoladas.

Mis zapatos de suela delgada dejan simpáticamente pasar el frío hasta mi estomago,

los cólicos que vienen después, son más de calma serena que de retorcijones y calambres.



Este frío en el que la noche se mantiene despierta y placida,

me encarcela como su vigía para no dejarme dormir,

pero siempre, para hacerme soñar.



Descubro una vez más, que salir a caminar despreocupadamente atañe a los mendigos de la belleza,

miradores de la constelación de los silencios y las palabras de las hojas mojadas.

Recuerdo mil poemas,

siento que un poema corto, es como un beso largo e intenso que se recuerda mejor entre un segundo sin importancia.

Aparecen en este campo sembrado de recuerdos.

Humedezco mis labios una vez más, pero ahora, cercana al olvido de quien me abrazó algún día.

Mi amiga me habla para confesar que ha matado algo bello,

pero yo misma no sé a qué juega Dios al vernos inmisericorde, matarnos como barbaros,

...si somos su obra más bella.

La noche se hace extensa acusada por la salida próxima del sol,

pero hoy, como todas estas noches, el sueño no me deja dormir.

sábado, 15 de enero de 2011

MATAR EL TIEMPO


Cielo oscuro donde centellean coquetas las estrellas.

Me siento feliz de compartirte un cigarrillo, veo tus nubes rosadas graciosamente esparcidas sobre los techos del barrio.

Adoro la soledad a la que mi invitas, y disfrutar en ella la calma de no tener que trabajar por la comida que me da mi madre, pero bendiciéndote por hacer el reposo lejos de ella.

*

El taconeo de las secretarias al llegar a casa, cargadas de bolsas con comida, para sus hijos sin padre, distrae el manjar esponjoso de esta soledad callada que adoro.

*

Las estrellas se mueven de a dos centímetros y chocan con el infinito cielo oscuro, como un muñeco de cuerda contra la pared, como mi alma contra la memoria.

*

Una vez más recito al dador de la contemplación de la nada, cuando yo también amo la soledad pasiva de las noches de ciudad.

Una capital llena de gente soñadora y unos pocos mezquinos que tiznan tu fama como la de una oportunista.

*

Las putas y los abogados de litigio de medio pelo, cruzan monedas por vino y marihuana.

Los galantes, habitantes de la calle, duermen placidos en cualquier pestaña -que abres para mirarnos con indiferencia- de tus altos edificios de cemento. Dormidos y agradecidos por el ladrillo rojo que les dejan raspar de las casas estrato cinco.

*

Yo me quedo aquí, contemplándote, en una banca de parque no lejos de mí casa.

*

Muchos insomnes me acompañan a distancia, guardados en cubitos de colores con camas más o menos blandas, mirando la ciudad sin verse, viéndose sin mirar la ciudad, ambas acciones inapareables. Pero si dan hijos, Todos con número de identidad, añorando una cuenta en algún fondo común o pirámide faraónica.

*

*

La leche hirviente en la estufa es el momento más excitante que encontré.

La emoción predecible, del subir espeso del líquido, me infunde pasión y alegría.

Veo la simplicidad de la primera ley, Causa efecto y reacción.

Mi gato blanco como la leche se refriega entre mis pantorrillas buscando calor, no encuentra más que unos pies descalzos abrazados al pavimento.

*

Amo estar afuera.

Gusto saber que hago esperar a quien me espera, a quien necesito tanto, sin sentirlo de verdad, porque limita mi catarsis de culpa, mi vegetarianismo causado por la carne viva, y el olor a sudor que acompaña los domingos.

Me recuesto y sólo quiero ver este manto de algodones rosas, besar el pasto con los pies y prender otro cigarrillo.

*

Recuerdo el pez que ayudé a morir hoy. Su cuerpo se llenó de hongos en el agua turbia del acuario que mi hermano olvidó lavar.

*

La cola comida por su compañero de celda le impedía nadar.

*

Ayudarle a morir no fue más que un acto piadoso que logré con una piedra y fuerza sobre la pequeña cabeza. Crujió.

*

Así pasan los días de enero, sin la euforia de diciembre nacido en licores ni la resistencia de un Febrero para empezar el trabajo.

Un día de lectura en un parque, con zancudos rondando, Perros defecando y paseando a sus amos, y la sensación de QUERER MATAR EL TIEMPO!!

viernes, 14 de enero de 2011

D Í A 1 3


D Í A 1 3


Las noches son una mierda,

largas, negras, una real mierda.

Ahora sé por qué las cosas son así,

es porque son una mierda!!!!!!

estoy triste,

no puedo estar triste de día, entonces, estoy triste de noche.

tristeza acumulada,

las risas fingidas del día salen a cagarse en la noche

y todo es una mierda!

Placida plasta de eses recostada en la ventana,

las moscas pululan cerca de mis oídos y confirmo que todo es una mierda.

Avalancha de porquería,

Cerro descrespado de recuerdo hecho porquería!

acumulación de comida y al final de tan excelsos manjares,

al final, todo es una mierda.

Cierro los ojos y se abre la nariz y huele terrible,

A la desobligación de la mierda por el retrete,

Al olvido que me hace sentir una…

nadie sabe a dónde va y a nadie le importa.