TIC TAC
HOY
7 am.
El tiempo bogotano está cubierto de un cielo bipolar, entre plateados y violetas, que radicaron y ratifican el ser rolo y el ser de ella; ser algo de los dos.
9 am.
Cada mañana al dirigirse al punto b,
Las constantes de sus amistades son dos, masculinas y pocas. Siempre niños callados, de chistes amargos y cigarrillos en sus bolsillos. Personas buenas, personas sencillamente.
AYER
11 am.
El olor a galletas que acompañaba a la campana del medio día, alegraba las tardes de los 16 y los 5 años. Una y otra vez la masa horneada entraba saltando por sus fosas nasales y alegraba los hemisferios cerebrales para cantarle una canción sencilla y pegajosa.
En casa, su abuela tenía como himno, una olla a presión en punto de la tercera guerra mundial. Los almuerzos se acompañaban de un hermano a la derecha, con dos años de ventaja en la vida, y al otro lado, vanidosa, la más alta arreglándose algún bucle castaño.
Frente a tres alegres platos de trigo, tres alegres niños, con Tres grados de edad, 6, 8 y 14.
HOY
8 am
Se levantó, calzó las pantuflas verde oliva y fue al baño de la planta baja, se miró al espejo.
8:05 am
Arreglé mi cabello y lo amarré en un atado, el tono rojo de las fibras
brillaba radicalmente frente a la ventana de vidrio dibujado,
en medio del olor a Listerine.

Siempre que recuerdo dejo de ser mí ahora, todo se granula,
se densa, aumenta el peso del recontado pasado
sobre el minúsculo tic tac.
9 pm
Las ollas suenan rosándose unas contra otras en la cocina. La voz de mis padres reverbera en la escalera hasta llegar a mi sillita de madera y a la pantalla acuosa del computador. La fragancia del arroz jalonea la nariz y voy a soltar este teclado en menos de dos minutos. El gato se une a mí y acaricia mis tobillos con su larga cola blanca.